Mira el tristisimo final de Federico Salazar
¡El fin de la carrera de Federico Salazar! El otrora periodista que muchos consideraban una voz crítica ha sepultado su legado al defender públicamente a Nicolás Lúcar, el mismo que se vendió al reo Pedro Castillo y se arrodilló en Palacio de Gobierno para lavarle la imagen. Pero lo más grave no es solo su defensa, sino su absoluta indiferencia ante los escándalos que rodean al medio que le ha dado de comer por casi 30 años: América Televisión.
Desde su columna en “El Comercio”, Federico Salazar no dudó en salir en defensa de Lúcar, quien recientemente protagonizó una polémica con el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga. En su escrito, Salazar criticó la reacción del burgomaestre por haber recordado el escándalo extramatrimonial de Lúcar, llamándolo un “ataque moralmente bajo e intelectualmente nulo”. Sin embargo, el periodista, que siempre ha hecho gala de su supuesto rigor periodístico, se olvidó de mencionar lo más importante: los turbios vínculos de su defendido con el poder de turno.
Pero, ¿qué se podía esperar de Federico Salazar? Ha pasado casi tres décadas en América Televisión, un canal que en su momento fue prácticamente entregado a Vladimiro Montesinos y que, tras su salida, terminó en manos del cuestionado Grupo El Comercio, cuyos dueños estuvieron involucrados hasta el cuello en la trama de corrupción de Odebrecht. Y Salazar, con su voz monótona y su eterna sonrisa de plastilina, jamás dijo una sola palabra sobre ello. Su silencio cómplice lo convirtió en parte de un sistema podrido.
Ahora, este periodista que nunca se atrevió a denunciar los escándalos dentro de su propia casa, se rasga las vestiduras para defender a Nicolás Lúcar. ¿Con qué autoridad moral? Lúcar, el mismo que se entregó a Pedro Castillo en una vergonzosa entrevista en Palacio, fingiendo ser un periodista independiente mientras encubría la corrupción y la ineptitud del exmandatario. Pero Salazar prefiere hacerse de la vista gorda y centrarse en criticar a López Aliaga por sus calificativos, como si eso fuera el verdadero problema.
Veamos lo que escribió Salazar:
“El alcalde de Lima está desbocado. Ha publicado en su cuenta de X un agravio contra el periodista Nicolás Lúcar. El comunicador había revelado que Rafael López Aliaga, cuando fue regidor, dio su voto a favor de la constructora brasileña OAS para el proyecto Línea Amarilla. ‘¡Feliz San Valentín! ¡Pobre diablo…! ¡Destructor de familia!’, escribió en su cuenta López Aliaga. Adjuntó un video de Lúcar en una situación de intimidad extramatrimonial, hecho público hace 13 años.”
Lo que Salazar no menciona es que Lúcar ha sido un operador del poder desde tiempos inmemoriales, vendiendo su línea editorial al mejor postor. Y, por si fuera poco, ahora cuenta con la defensa incondicional de Salazar, un periodista que nunca tuvo el valor de denunciar los atropellos en su propio canal, pero que se indigna cuando su amigo es expuesto públicamente.
Lo que estamos presenciando es el ocaso de una carrera periodística mediocre, sin brillo, sin grandes aportes a la verdad. Federico Salazar pasará a la historia como el hombre que prefirió mirar hacia otro lado cuando América Televisión se hundía en la corrupción, el periodista que optó por defender a sus amigos en lugar de la verdad, y que al final de su camino solo deja una estela de complacencia y oportunismo.
La pregunta es: ¿qué sigue para Salazar? Porque después de esta vergonzosa defensa, su credibilidad ha quedado hecha trizas. Y aunque sus jefes en América Televisión sigan protegiéndolo, el pueblo peruano ya no se deja engañar. El periodismo no necesita figuras acomodadas al poder, sino voces valientes que digan la verdad. Y Federico Salazar ha demostrado que no es, ni nunca fue, una de ellas.



